De qué color tendrá los ojos el bebé

¿De qué color tendrá los ojos?

Muchos bebés nacen con un color grisáceo indefinido que cambia a medida que crece. ¿De qué depende el color de los ojos? ¿Puede un niño tenerlos claros si sus padres los tienen oscuros?

 

El color de ojos depende de la información genética que transmiten los padres a través de los cromosomas 15 y 19. Cada gen está formado por dos alelos, que pueden ser dominantes o recesivos según sean de color oscuro o claro respectivamente. Al juntarse estos alelos en el niño, da como resultado uno u otro color dependiendo de los alelos que cada padre haya transmitido a su hijo.

 

El color del ojo, en definitiva, depende del color del iris que a su vez está determinado por la cantidad y el tipo de pigmentos que hay en el iris. Al final, la cantidad de melamina del ojo es la que determina el color. Cuanta más melamina, más oscuro será el ojo.

 

Existen diferentes tipos de color de ojos según los alelos transmitidos:

 

- Ojos castaños: Contienen grandes cantidades de melanina dentro del iris. Una persona con los ojos marrones tiene al menos un alelo marrón en el cromosoma 15 (alelos azules aa y marrones AA), y puede tener cualquier combinación en el 19 (alelos azules y verdes).

 

- Ojos azules: Una persona con los ojos azules tiene la pareja aa en ambos cromosomas (el 15 y el 19). Los ojos azules contienen bajas cantidades de melanina dentro del iris.

 

- Ojos verdes: Cantidades moderadas de melanina. Una persona con ojos verdes tiene la pareja aa en el cromosoma 15 (alelos marrón y azul), y puede tener cualquier combinación en el 19 (alelos azul y verde) que incluya al menos un alelo verde.

 

- Ojos color miel o avellana: Contienen elementos de ojos verdes, grises, y marrones claros.

 

¿Cuándo es definitivo el color de ojos?

 

Muchos bebés nacen con los ojos claros, de un color no definido, porque la melanina no se ha depositado por completo en el iris. El color definitivo se suele conformar alrededor de los 6 meses, aunque se determina mejor al año de edad.


Qué es el Reflejo de Landau

¿Qué es el Reflejo de Landau?

Es un reflejo secundario que surge hacia el cuarto mes de vida del bebé y cuya ausencia puede ser un indicador de debilidad motora o de un menor desarrollo mental.

 

Los reflejos primarios y secundarios son respuestas involuntarias del cuerpo que sirven para comprobar si el desarrollo del bebé es normal. Los reflejos primarios son aquellos con los que nace el bebé, y los secundarios, los que aparecen a lo largo de la vida del pequeño.

 

Entre los reflejos secundarios encontramos el Reflejo de Landau, que aparece más o menos a los 4 meses de vida y desaparece en torno a los 12.

 

Este reflejo consiste en, tumbado boca abajo con el abdomen sobre nuestra mano, el bebé, en lugar de dejarse caer por la gravedad, pone el cuerpo en tensión, colocando el tronco y las piernas en extensión y elevando la cabeza para mirar al frente y buscar una referencia visual.

 

La ausencia de este reflejo puede ser un indicador de debilidad motora o de un menor desarrollo mental, pero debería ser el pediatra el que lo valorara en cada caso.


Hasta qué edad babean los bebés

¿Hasta qué edad babean los bebés?

Es normal que los bebés babeen mucho desde los 2 hasta los 18 meses, por lo que no debes preocuparte si ves que tu pequeño se pasa el día con la baba fuera.

 

Los bebés babean tanto porque no saben tragar correctamente sus babas y, además, producen mucha más baba que los adultos. Mientras que los adultos tragan cada 4 minutos, los bebés solo lo hacen unas 4 veces a la hora, por lo que el exceso de baba se les sale de la boca constantemente.

 

Además, existen otros motivos por los que el babeo de los bebés de entre 2 y 18 meses es tan abundante:

 

- Sus glándulas salivares se van activando a medida que va probando nuevos alimentos, algo que ocurre a menudo desde los 6 meses.

 

- En torno a los 6 meses comienza el proceso de dentición, y la erupción de los dientes de leche provoca un aumento de la saliva para intentar aliviar las molestias causadas por la salida de los dientes.

 

Este exceso de baba puede causar irritación en la barbilla, gases por tragar tanta baba y rojez en la zona del pañal ya que la salida de los dientes de leche hace que la saliva se vuelva más ácida, modificando el pH de la orina y de las heces.

 

Si ves que tu bebé babea mucho no debes preocuparte, pero para evitar las molestias causadas por el exceso de babas puedes seguir los siguientes consejos:

 

1. Aplícale una crema hidratante facial en la zona de la barbilla para evitar la irritación.

 

2. Colócale un secababas o babero para evitar que su ropita esté siempre mojada.

 

3. Sécale la boca con frecuencia con ligeros golpecitos, sin frotar para no dañarle aún más.

 

4. Si tiene gases, dale masajes en la tripita en forma circular en el sentido de las agujas del reloj.

 

5. Cámbiale de pañal a menudo y usa una pomada especial para las rojeces del culito.

 

6. No te preocupes, es normal que los bebés babeen bastante hasta los 18 meses, e incluso que se les caiga la baba a veces pasada esta edad.


Cuánto debe engordar un bebé en sus primeros meses

¿Cuánto debe engordar un bebé en sus primeros meses?

Durante los primeros meses de vida de un bebé, uno de los temas que más preocupan a los padres es si su pequeño está alimentándose todo lo que debería y cogiendo el peso adecuado.

 

Antes de obsesionarse con el peso del bebé, hay que tener en cuenta que todos los niños son diferentes, lo importante es que el pequeño crezca sano y que los resultados mes a mes sean los adecuados. Es raro que los bebés engorden de modo constante, pueden sufrir algunos altibajos que no hay que tener en cuenta mientras el cómputo final sea ascendente. Tampoco es necesario pesar al pequeño cada día, con que lo haga el pediatra en las revisiones será suficiente.

 

Los parámetros estipulados que deberían seguir el crecimiento del bebé indican que durante los primeros 6 meses de vida los niños deben haber duplicado el peso con el que nacieron y pasados los 12 meses pesarán casi 3 veces lo que pesaron al nacer.

 

Primeros meses del bebé

 

Cuando los bebés nacen suelen pesar entre 2,5 kilos y 4 kilos, y un peso menor o mayor de este intervalo debe ser valorado por el pediatra para descartar cualquier posible trastorno.

 

Muchos padres se alarman cuando a los tres o cuatros días del parto, el pequeño baja de peso, pero no hay porqué preocuparse ya que esta bajada –de unos 100 o 200 gramos- obedece a la pérdida de orina y a la expulsión del meconio (primera caca del bebé) acumulados durante la gestación. En poco tiempo, aproximadamente 2 semanas, recuperará el peso que tenía.

 

Durante el primer semestre los bebés engordan una media de 600 gramos al mes, hay que valorar lo que han crecido pasado el mes completo y no semana a semana porque puede que el aumento no sea gradual. En esta primera mitad del año se observa la ganancia de peso más rápida de todo su crecimiento.

 

Entre el sexto mes y el año

 

A partir del medio año, más o menos, el aumento de peso empieza a ralentizarse. Lo normal es que aumente como máximo entre 500 y 400 gramos al mes.

 

A la hora de valorar el crecimiento del niño hay que tener en cuenta si está siendo alimento con leche materna o leche artificial y partir del sexto mes también se debe valorar la introducción de nuevas comidas en su dieta.

 

Alrededor del primer año, aparte de haber triplicado su peso, el bebé habrá crecido unos 25 centímetros.


Desarrollo del lenguaje en el bebé

Desarrollo del lenguaje

Se llama desarrollo del lenguaje al proceso por el cual los seres humanos adquieren la capacidad de comunicarse verbalmente. Este desarrollo se extiende desde los primeros meses de vida e incluso hasta la adolescencia.

 

Durante los primeros cinco años es cuándo tiene lugar a mayor velocidad de aprendizaje y se adquieren los instrumentos básicos para su dominio. Este es un período fundamental, pero el desarrollo del lenguaje no tiene fin, ya que constantemente se produce un aumento de vocabulario y un enriquecimiento con nuevas aportaciones expresivas.

 

A pesar de que en esta etapa los pequeños no hablan, ya dicen muchas cosas. Conoce todo lo que trata de expresarte:

 

•           El pequeño toma iniciativas autónomas de contacto: extiende los brazos, se estira hacia las personas y reclama la atención.

 

•           Con la boca, explora todo lo que le rodea, incluso su cuerpo.

 

•           Se divierte provocando reacciones. Por ejemplo: tira los objetos al suelo continuamente, con aire de travesura.

 

•           El niño empieza a proteger su “propiedad” y su espacio, dirigiendo a quien le intenta quitar los juguetes una serie de gestos y expresiones muy elocuentes.

 

•           Cada vez se siente más fascinado por las conversaciones de los adultos.

 

•           Sus vocalizaciones empiezan a tener una entonación expresiva.

 

En el periodo neonatal, se sientan las bases del desarrollo del lenguaje. A través del llanto, el bebé busca consuelo y tranquilidad, mientras que, con la mirada y con la sonrisa, establece el contacto con sus padres.

 

El pequeño va desarrollando poco a poco su leguaje al:

 

    • Emitir sonidos guturales para mostrar su felicidad.

 

    • Dejar de llorar si su mamá le habla, poniendo así de manifiesto la primera orientación hacia la comunicación.

 

    • Modificar su comportamiento en función de los estímulos que recibe: por ejemplo, interrumpe, sorprendido, lo que está haciendo cuando oye ruidos procedentes del ambiente que le rodea, o bien emite gritos de alegría cuando escucha la voz de una persona conocida.

 

Fomenta su lenguaje

 

Conversar con el bebé es quizá el paso más importante para estimular el florecimiento del lenguaje. Cuando el bebé te hable en su propio “lenguaje”, responde. Ello le envía el mensaje de que entiendes que está tratando de comunicarse y le enseña la forma en que una conversación se desarrolla, con pausas y turnos entre los interlocutores. Aunque tu papel no es la enseñanza formal del idioma, debes actuar como guía y estímulo en el camino hacia la plena comunicación verbal.

 

Al comenzar a hablar, el bebé probará los sonidos de las palabras y dependerá de ti para completar el resto. Puede decir “pa” para nombrar a su papá, designar una patata y también una pelota. Por medio de su tono e inflexión de voz, así como del lenguaje no verbal, podrás interpretar lo que dice.

 

Presionar al bebé para que imite palabras o nombre objetos podría restarle placer a la comunicación, hacerle sentir inadecuado e incluso retrasar su progreso. Recuerda que el objeto del lenguaje es la comunicación interpersonal.

 

Tiene poco sentido que el niño imite palabras cuyo significado no comprende. Una vez que el niño las entiende, podrá utilizarlas para comunicarse contigo.

 

Mientras notes que tu hijo escucha a la gente cuando habla, oye los sonidos y entiende cada vez más (puede entender más de lo que puede hablar), concéntrate en estimularle de manera relajada y divertida.

 

Proporciona múltiples oportunidades de interacción personal, háblale mientras haces tus compras en el supermercado, o ejerces tu rutina diaria en casa, exponlo a una gran variedad de palabras y dale ánimos. Se ha demostrado que seguir estos pasos es crítico para fortalecer el vocabulario.